Lo único que le preocupaba, era aquel hombre que regentaba el hotel y con el que había compartido una agradable velada, vivía solo con su madre enferma, a la que escuchó discutir con su hijo mientras se disponía a dar un paseo por los alrededores y decirle que no quería verla hospedada en su hotel ni un minuto más. Habían hablado de ello durante la cena, pero no le quiso dar demasiada importancia, al fin y al cabo la anciana tendría miedo de que una solitaria y atractiva mujer pudiera arrebatarle a su hijo soltero y dejarla sóla de por vida en aquel apartado paraje.
Abrió un poco más la llave del agua caliente dejándola caer con fuerza, lanzando el chorro sobre sus hombros y su nuca y sintiendo como el vapor abría todos los poros de su piel a medida que el agua caía por su espalda para deslizarse por sus muslos y perderse entre sus piés camino del sumidero, el jabón resbalaba por su cuerpo y su mente trataba de relajarse cuando de repente, volvió a sonar esa dichosa y escalofriante melodía, levantó la cabeza, abrió los ojos y ya nunca volvió a coger el móvil.
