Son tantas las cosas que me hubieran gustado ser y que no fuí que me tengo que conformar con coleccionar instrumentos en mi pequeña casa y contemplarlos con la impotencia del saber que de ellos apenas seré capaz de sacar una nota suficiente como para poder engañar a mi subconsciente y transportarlo a escenarios en los que el arte fluye sin esfuerzo aparente del interior de uno mismo, como si hubiese nacido con el don de tocar, de componer o de interpretar y los instrumentos al percibirlo tocasen sólos, inspirados por mi alma de artista, que la tengo, pero con eso no basta, hay que ser un genio y esforzarse al máximo cada día para lograr conseguir una mínima parte de lo que a mí me hubiera gustado ser, por eso cuando cojo mi guitarra y consigo cogerle el aire a la farruca o el compás de la sevillana con sus correspondientes falsetas me cosidero el hombre más feliz del mundo aunque sea en la soledad de mi salón y sin que me esperen en la cama de la habitación de al lado ni Ava ni Marilyn.

