domingo, 23 de octubre de 2011

COMO LA CIGARRA


Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aquí
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal,
porque me mató tan mal
y seguí cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra
igual que el superviviente
que vuelve de la guerra.

Tantas veces me borraron
tantas desaparecí
a mi propio entierro fuí
solo y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez
y seguí llorando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra
igual que el superviviente
que vuelve de la guerra.

Tantas veces te mataron
tantas resucitarás,
cuantas noches pasarás
desesperando.
Y a la hora del naufragio
y a la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.

Cantando como la cigarra
después de un año bajo la tierra
igual que el superviviente
que vuelve de la guerra.

Letra: María Elena Walsh

sábado, 15 de octubre de 2011

LAURA VITAL: UNA VOZ QUE ENAMORA


Laura Vital canta flamenco, Laura Vital siente el flamenco, Laura Vital envuelve el flamenco con su voz varada entre dos orillas. Una orilla en Sanlucar y la otra en el infinito de su cante. Ayer en una actuación mágica en el espacio Lagares de Logroño en el ciclo Flamenkanet, Laura Vital acompañada a la guitarra por Eduardo Rebollar, recorrió orillas, cauces y océanos de arte, compás y sabor. Nos paseó por la morería en unos tangos arrebatadores, descendió hasta lo más profundo de su sentimiento de mujer en la malagueña, con los puños apretados, como si su corazón herido se encontrase cautivo entre ellos, fuimos pasajeros de un viaje de ida y vuelta por unas preciosas güajiras templadas a fuego lento, nos formó un nudo en la garganta con unos fandangos sin gritar, porque como rezaba una de sus letras. " pa cantar un buen fandango, no es necesario gritar", si el fandango es sentimiento, Laura Vital se lo dejó ayer todito en Logroño. Terminó el recital por bulerías, pero qué bulerías, otro viaje entre dos aguas, las del Atlántico desde la Bahía de Cádiz hasta Sanlúcar y las del Guadalquivir desde Bajo de Guía a Triana y todo acompañado con el toque celestial de Eduardo Rebollar, que más que acompañar eleva la voz aterciopelada y a la vez agreste e indomable de Laura Vital y la lleva en su barquilla de madera de uno a otro palo con un compás único y unas falsetas imposibles de las que sale con la suficiencia y la soltura que sólo poseen los genios de las seis cuerdas.

VER VÍDEO DE LA ACTUACIÓN: POR GUAJIRAS

sábado, 23 de abril de 2011

LAS BUENAS INTENCIONES.

EL VALOR
Del libro "Las buenas intenciones y otros cuentos" escritor por Ángel Zapata.

En un islote de Oceanía, un islote mezquino, pedregoso, dos
náufragos caminan por la playa, como dos cormoranes heridos.
Uno de ellos, Dámaso, es un hombre viejísimo, curtido como un
trozo de mojama, con una barba blanca poblada de crustáceos
que le muere en los pies, y una sombrilla mínima, hecha de
andrajos, con palitos unidos por hojas de palmera. El otro,
Roque, es un hombre de mediana edad, todavía fornido, que a
cada poco hace visera con la mano para mirar el horizonte azul.
Al llegar a un recodo de la playa, Dámaso alza la sombrilla,
como queriendo resguardar a Roque, y coloca una mano
temblona en el codo de su compañero:
—Roque, hijo ¿tú te acuerdas de las motocarros? —le dice.
—No. No me acuerdo.
—¿Y quieres que te explique cómo eran?
—No. Para qué.
—Pues para hablar de algo, Roque. ¿Tú no sabes que hablando
se hace el tiempo más corto?
Roque dirige al horizonte una mirada triste, casi acuciante, y
prefiere no contestar. El aire huele a sal y a dátiles maduros.
Debe ser cerca del mediodía porque el sol cae a plomo sobre la
playa. Allí, en la franja de arena donde se unen la tierra y el
agua, el mar deposita miles de letras rojas; letras lisas, de
piedra, talladas por el oleaje. Miles y miles. Un alfabeto
innumerable, como las dunas del desierto, que a veces forma
palabras simples, palabras como «Pepi», «bici», «Roma»,
«anís», y otras veces —los días de mar gruesa sobre todo— se
disgrega en rebaños versátiles, y deja escritos sobre la arena
mensajes apremiantes, misteriosos, mensajes que a cualquiera
le quitarían el sueño, o por lo menos la tranquilidad: «Ramiro, si
llegas antes de las cuatro le amansas la biela a Queipo. No te
vuelvas loco buscando los hurones, que están donde siempre».
Dámaso —que ha metido las piernas en el mar y se echa agua
por la nuca, con las dos manos—, desbarata el mensaje con la
punta del pie, muy despacio, según pisa la tierra firme. Luego
desclava de la arena su sombrilla andrajosa; y echa a andar en
dirección a Roque, que aún mira el horizonte inmóvil desde el
recodo de la playa.
—Roque, hijo —le dice desde lejos—; tú sólo hace tres meses
que has naufragado, y aún no puedes saber cómo se echa de
menos una buena motocarro en este islote. Sé que no quieres
que te lo diga, pero con una motocarro, Roque —por ponerte un
ejemplo—, ya no sería preciso que nos diéramos estas
caminatas todos los días, como dos cormoranes heridos, por
esta manía tuya de ir agrupando en montoncitos las letras
huérfanas, y de mirar el horizonte.
—¿Ha visto usted alguna letra huérfana?
—Ahí tienes unas cuantas —responde Dámaso. Y señala el
mensaje que acaba de borrar con disimulo.
Roque se agacha junto a las letras rojas, y de un solo vistazo
comprueba que están huérfanas. Después las va mirando una
por una, con ojo experto, y las deja dispuestas en un montón. Es
un montón armónico. Roque mira el montón con fijeza, lo mira
bajo el sol de mediodía, y cuanto más lo mira más armónico le
parece.
—Es un montón armónico ¿verdad? —le dice a Dámaso.
—Sí hijo. Es un montón armónico.
Y entonces Roque se derrumba. Se hunde del todo. Allí, perdido
hace tres meses en un islote desolado, ante un friso de rocas y
palmeras, con el mar a su espalda, siente que se le rompe el
corazón. Trata de impedirlo con todas sus fuerzas, pero al final
le vence el llanto. Llora con unas lágrimas tan duras, que al caer
en la playa forman hoyos hondísimos, hoyos inconfiables, casi
humanos, a los que no se ve el final.
—¡Venga, Roque, venga! —le dice Dámaso. Y le da palmaditas
en el hombro, con sus manos temblonas.
—¡Yo quería construir, señor Dámaso!
—Sí, hijo, sí.
—¿No lo ve usted? En estos montoncitos está la prueba. Yo era
un ingeniero recién titulado ¡Y quería construir!
—Venga, Roque, valor —le insiste Dámaso—. Hay que tener
valor antes que nada. Tener valor es lo primero. Y lo segundo,
perdona que vuelva a lo mío, es una motocarro, Roque. Sin una
buena motocarro, la vida del náufrago no es más que un cúmulo
de sinsabores, y lo mismo valdría para la vida de cualquiera.
—¡Por eso lloro, señor Dámaso!
—Naturalmente, hijo. Tú querías construir, ya lo sé. Y yo era
solo un mozalbete cuando me hice a la mar, porque necesitaba
ahorrar dinero para una buena motocarro. Ya me ves. Ya te ves.
Esto es la vida, Roque. Tú con tus montoncitos de letras
huérfanas. Y yo aquí, sin nada, con la barba poblada de
crustáceos, sin la ilusión siquiera de andar mirando el horizonte
azul... porque también eso se pierde. El azul, la ilusión, el
horizonte. Todo se va apagando con el tiempo. Ya lo verás.
—Caray, señor Dámaso, usted para dar ánimos se pinta solo.
—Yo te explico las cosas como son, Roque. Y por eso te decía
al principio que el valor es lo más importante.
—¡El valor!
—Eso es. La energía del carácter, Roque. De eso depende
todo... Y de una buena motocarro, naturalmente.
—¡Ya! —contesta Roque, con los últimos hipidos del llanto.
Luego Dámaso y Roque guardan silencio. Muy lejos, allí donde
termina el horizonte, se divisa una hilera de nubes gordas, nubes
audaces, nubes raudas, nubes mandonas y marisabidas, y un
grupito de nubes más pequeñas, detrás, llevándoles el equipaje.
El aire huele a líquenes desde hace un rato, y suena igual que
suenan los espejos cuando se rajan porque sí. Sentado junto al
viejo náufrago, en el recodo de la playa, leyendo las palabras un
poco repipis que ahora forman las letras del mar (palabras como
«néctar», «cornucopia», «topacio»), Roque, por un momento, se
siente en paz con casi todo. No exactamente consolado. Pero sí
en paz.
Piensa que para un hombre como él, que seguramente nació sin
bravura, esta paz que ahora siente porque sí —igual que luce el
sol del mediodía o se parte un espejo— es una forma de coraje.
Eso piensa. Vuelve a mirar sus montoncitos huérfanos,
armónicos, con una gratitud recién nacida. Y después mira a
Dámaso. Mira su piel amojamada, su sombrilla raquítica, hecha
de andrajos, y su barba poblada de crustáceos, que le muere en
los pies.
Entonces Roque tiene una idea.
Duda.
La idea insiste en su cabeza.
Vuelve a dudar.
Y así pasa un buen rato. ¿Cuánto rato? Mucho. Pasa un rato
larguísimo, a qué negarlo. El mar va y viene, y viene y va, con
esa tontería que tiene el mar de ir y venir. El caso es que el sol
ha empezado a picarles en la espalda, cuando Roque, por fin,
coloca una mano segura en el codo de su compañero:
—¿Yo a usted le serviría de motocarro? —le dice de repente.
—¡Hombre, Roque! Comprenderás que no es lo mismo.
—Ya. ¿Pero le serviría o no?
—Pues sí. Claro que sí. Me servirías de mil amores, desde
luego.
—Bueno. Pues vamos a probarlo, venga.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Y tú vas a saber petardear, como petardeaban las
motocarros?
—Puede.
—¿Y vas a ser capaz de tomar las curvas como si fueras a
desguazarte?
—Pues igual sí,
—Roque.
—Dígame usted, señor Dámaso.
—¿Tú te acuerdas de que las motocarros tenían hocico? Así: un
hociquillo puntiagudo, mírame, igual que los ratones.
—Vale. Yo pongo hocico de motocarro. Usted no se preocupe.
—Roque.
—¿Sí?
—Nada, hijo. Eso. Que muchas gracias.
—No se merecen, señor Dámaso —le dice Roque. Y se agacha
un poco, delante de él, a fin de que pueda montarse en su
espalda.
Temblando de emoción, bajo el sol débil de la tarde, Dámaso se
agarra como un jabato a los hombros fornidos de Roque, y cruza
las piernas huesudas por delante de sus caderas.
Enfrente de los dos se ve el islote, el verde opaco de las
palmeras, la piedra inhóspita y pelada, y detrás se ve el mar
infatigable, yendo y viniendo, con sus mensajes caprichosos, sus
letras huérfanas, su horizonte ilegible y vacío. Eso es todo lo que
se ve. Y eso que se ve, es todo.
—Por mí, cuando tú quieras —dice Dámaso.
Y Roque pone hocico de motocarro.
Arranca.
Petardea.
Entra botando en la primera curva, como si fuera a desguazarse.

viernes, 18 de marzo de 2011

SI ME MUERO ANTES QUE TÚ

Si me muero antes que tú,
no me montes un velorio,
diles que ya no recibo,
que estoy ausente del todo,
que no me encontraba bien,
que me canso, que me agobio.

Si me muero antes que tú
no me llores como sabes
ponme el traje gris marengo
el pañuelo de lunares
el sombrero de ala ancha
y perfumes de azahares
y dame una vueltecita
por mis tabernas y bares
que nos digan al pasar
¡Viva el muerto y sus andares!

Si me muero antes que tú
no quiero salmos ni rezos
que me canten por Gardel
por Sabina, por Rosendo
por el Loco, Camarón,
Chano Lobato o Cepero,
contrátame unos Mariachis
que canten por Jose Alfredo
para seguir siendo el rey
con dinero o sin dinero.

Si me muero antes que tú,
no me busques en el cielo
ni en paraísos lejanos
ni tampoco en el averno.
Búscame por callejones,
por tascas de medio pelo
por patios llenos de luz
rebosantes de misterio
allí encontrarás mi alma
entre aromas de romero.

Si me muero antes que tú,
lo sentiré compañero
pero, qué le voy ha hacer
si yo soy chirigotero
si no sé hablar de la vida
y ponerme a la vez serio
si no sé hablar de la muerte
y resucitar al muerto.




martes, 22 de febrero de 2011

LA CERA QUE ARDE

Vivo condenado al equilibrio inestable
y la conciencia implacable,
una de dos, inocente o culpable.

Soy prisionero de mis propios alardes
de la herida incurable
que es la ocasión
que aún está por llegarme.

Nunca fuí tan fiero que los perros me ladren
y aunque esquivo de amarre
tengo algo más, algo muy importante,
es mi tesoro, es la prueba palpable
cuando llamo y me abres,
cuando te vas y yo puedo quedarme.

Soy más sincero que un reguero de sangre
que el sabor a vinagre,
por lo demás, ni pequeño ni grande.

Y lo que espero desde aquí en adelante,
es que el cuerpo me aguante,
que no haya más,
que la cera que arde.

Rosendo Mercado.



lunes, 14 de febrero de 2011

YO TAMBIÉN SÉ JUGARME LA BOCA


Era el pez con mejores caderas
del mar de la moda,
se dejaba achuchar por cualquiera
(incluyéndome a mí),
sus palabras decían de memoria
lo que dicen todas,
sus pupilas contaban historias
para no dormir.

Yo era el último mono, un innoble
mirón solitario,
en las bodas algún pasodoble,
de suelto... ni hablar.
El perfume tabú de Chanel
y el cubata de Larios
no acostumbran buscarse un motel
cuando cierran el bar.

Porque siempre hubo clases y yo
soy el hombre invisible
que una noche soñó un imposible
parecido al amor.

Porque el mundo es injusto, chaval,
pero si me provocan
yo también sé jugarme la boca,
yo también sé besar.

Compartimos la misma toalla,
distintos sudores,
todavía quedan islas con playas
color azafrán.
Fui su medio limón, su chéri,
su peor latin lover,
su lección de español, su desliz,
su comme ci, su comme ça.

Pero un día retiraron las mesas
y... hasta otro verano.
Las mejores promesas son esas
que no hay que cumplir
y... "viajeros al tren, que nos vamos",
me dijo un milano,
"flaco, pórtate bien, au revoir,
buena suerte en París".

Porque siempre hubo clases y yo
no doy bien de marido.
Otra vez a perder un partido,
sin tocar el balón.

Porque el mundo es injusto, chaval,
pero si me provocan
yo también sé jugarme la boca,
qué te voy a contar.

Letra: Joaquín Sabina.

martes, 8 de febrero de 2011

EL INFIERNO DE TU AUSENCIA

A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

No concibe mi alma mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.

Que ningún juez, declare mi inocencia,
porque, en este proceso a largo plazo,
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.

Poema escrito por Antonio Gala interpretado agónicamente por la oscura lucidez de Antonio Vega.



viernes, 14 de enero de 2011

DÓNDE ESTÁS

El frío boulevard se extiende a mi paso,
bajo mis piés,
un manto minado de hojas secas
acompaña mi destino.
Cada madrugada el regreso se hace más duro,
los anhelos cada vez cuesta más mitigarlos,
nicotina, humo, alcohol.
Jamás bebí para olvidar,
lo confieso,
por eso recuerdo cada amargo despertar,
cada transitar por aquellas avenidas,
apagadas, mudas, inhertes,
a esas horas canallas en las que cada paso,
supone esquivar un nuevo precipicio,
arde la garganta, tiembla la mano
y escuchas el crepitar
de las hojas secas caídas bajo tus piés
en la cruda y dura soledad
de otra noche más perdida.




miércoles, 29 de diciembre de 2010

PSICOSIS, MEDIO SIGLO DESPUÉS

Ella había dejado su móvil sobre la cama antes de meterse en la ducha, la última llamada recibida había sido de su novio con quien acababa de discutir, motivo por el cual dejó que la melodía de "Psicosis" con la que su teléfono le avisaba de las llamadas entrantes, sonase hasta el final sin contestar. Antes también le había llamado su jefe, pero tampoco había querido hablar con el. Estaba huyendo, pero en definitiva tampoco había cometido ningún delito... todavía. Lo del dinero, se podría explicar, poniendo como excusa que debido a un atasco no había llegado a tiempo de ingresar los 300.000 euros en el banco. Lo de alquilar un descapotable a mitad de camino a la costa, bueno un capricho lo tiene cualquiera, y lo de alojarse en un pequeño y recóndito hotel con encanto junto a unos acantilados de la costa, pudiera argumentarse como una escapada de fin de semana. Hasta el momento no había cometido ningún delito, de lo contrario, el policía que le pidió la documentación mientras echaba una cabezada en la cuneta, la habría detenido, y no fue así, por lo tanto no debía de preocuparse lo más mínimo, y además en su habitación del Hotel Bates se sentía feliz y segura.
Lo único que le preocupaba, era aquel hombre que regentaba el hotel y con el que había compartido una agradable velada, vivía solo con su madre enferma, a la que escuchó discutir con su hijo mientras se disponía a dar un paseo por los alrededores y decirle que no quería verla hospedada en su hotel ni un minuto más. Habían hablado de ello durante la cena, pero no le quiso dar demasiada importancia, al fin y al cabo la anciana tendría miedo de que una solitaria y atractiva mujer pudiera arrebatarle a su hijo soltero y dejarla sóla de por vida en aquel apartado paraje.
Abrió un poco más la llave del agua caliente dejándola caer con fuerza, lanzando el chorro sobre sus hombros y su nuca y sintiendo como el vapor abría todos los poros de su piel a medida que el agua caía por su espalda para deslizarse por sus muslos y perderse entre sus piés camino del sumidero, el jabón resbalaba por su cuerpo y su mente trataba de relajarse cuando de repente, volvió a sonar esa dichosa y escalofriante melodía, levantó la cabeza, abrió los ojos y ya nunca volvió a coger el móvil.


Psicosis, la genial obra cinematográfica dirigida por Alfred Hitchcok en 1960, cumplió 50 años en 2010.

viernes, 24 de diciembre de 2010

ON CHRISTMAS DAY

FELIZ NAVIDAD
FAYRTALE OF NEW YORK

Era Nochebuena , nena
en la celda de los borrachos
Un viejo me dijo:"no verás a nadie más"
Y entonces él cantó una canción
"El raro rocío de la vieja montaña"
Giré mi cara
Y soñé contigo.

Conseguí ser afortunado.
Vino a mí un "dieciocho a uno"
Tengo un presentimiento
Estos años serán para tí y para mí
Por lo tanto, Feliz Navidad
Te amo nena
Puedo adivinar tiempos mejores
Cuando todos nuestros sueños se hagan realidad

Ellos tienen cochazos
Ellos tienen ríos de oro
Pero el viento pasa justo a través de tí
No hay lugar para el viejo.
Cuando tomaste mi mano por vez primera
en una fría Nochebuena
Me prometiste
que Broadway me esperaría

Eras apuesto,
Eras bella
Reina de la ciudad de Nueva York
Cuando la banda acabó de tocar
Ellos aullaron todavía más
Sinatra se balanceaba,
Todos los borrachos cantaban
Nos besamos en una esquina
Entonces bailamos toda la noche.

Los muchachos del coro del NYPD
Cantaban la bahía de Galway
Y las campanas sonaban
Por el día de Navidad

Eres una vago
Eres un punk
Eres una puta vieja en la basura
Tirada ahí casi muerta en esa cama
Tú eres despreciable, eres un gusano
Tú piejoso barato
Feliz Navidad de mierda.
Ruego a Dios que esta sea la última

Yo podría haber sido alguien
Bien podrías haber sido.
Te apoderaste de mis sueños
cuando te encontré por primera vez
Los guardé conmigo nena
Los puse junto a los míos.
No se puede hacer todo solo
Construí mis sueños alrededor tuyo.



jueves, 9 de diciembre de 2010

POESÍA Y FÚTBOL

A un pase de Didí, Garrincha avanza
con el cuero a los pies, el ojo atento,
dribla una vez, y dos, luego descansa
cual si midiera el riesgo del momento.

Tiene el presentimiento, y va y se lanza
más rápido que el propio pensamiento,
dribla dos veces más, la bola danza
feliz entre sus pies, ¡los pies del viento!


Vinicius de Moraes.

Más información en el blog "La zurda de garrincha", para los amantes de las pequeñas cosas que pasan desapercibidas a primera vista, pero que sin ellas sería imposible llegar al éxito final, como la zurda de Garrincha, la diestra de Maradona o Chus Pereda centrando en el gol de Marcelino.

http://lazurdadegarrincha.blogspot.com/


jueves, 2 de diciembre de 2010

L.O.V.E.

Yo edité tu biografía
tú vendiste mi pasado.
Yo juego con tus mentiras
tú evuelves mis desengaños.

Yo me caso en tu azotea
tú bajas de los altares.
Yo interpreto tus desdichas
tú descubres mis verdades.

Yo leo en tu piel desnuda
tú adivinas mis rechazos.
Yo provoco tus sonrisas
tú desgastas mis abrazos.

Yo abro cuando tu llamas
tú cierras la puerta al verme.
Yo sueño con tu mirada
tú vives sin conocerme.




miércoles, 17 de noviembre de 2010

DESCREÍDO

Yo supe que la tierra giraba alrededor del Sol mucho antes que Galileo Galilei, pero nunca me atreví a contarlo.

Yo descubrí la gravedad de los cuerpos cuando todavía no se había plantado el manzano bajo el que descansara Newton, pero no le di importancia.

Yo conocía la teoría de la relatividad antes de que a Einstein le saliese bigote pero me faltó espacio y tiempo para divulgarla.

Yo pisé la cara oculta de la luna, mucho antes de que la Unión Soviética lograra fotografiarla, pero nadie me creyó.

Yo resolví la ecuación de Boltzman al día siguiente de ser planteada, pero no supe dar con su creador para darle el resultado.

Yo creé una red social en internet antes de que los facebooks y los twiters hiciesen la primera comunión, pero a nadie le pareció buena idea.

Yo paseé del brazo de Ava Gadner por la Gran Vía madrileña camino de Chicote antes de ir a los toros, pero los fotógrafos sólo le retrataban a ella.

Yo tocaba Jazz por los tugurios de Nueva York antes de que en Nueva Orleans floreciese el primer algodón y me despedían cada noche a patadas diciendome que esa música era basura.

Yo enseñé a gambetear a Maradona al día siguiente de que aprendiese a caminar, pero no me quise aprovechar de su persona.

Yo supe, descubrí, conocí, pisé, resolví, creé, paseé, toqué, enseñé, pero nunca creí en mí.




Ava Gadner en los toros y yo a su derecha.

martes, 9 de noviembre de 2010

CADA NUEVE DE NOVIEMBRE, COMO SIEMPRE...

Jimena cumple años sin tarjeta,
las flores y los versos los traigo aquí
los mando, con remite por mi ausencia
y cambiando la apariencia
del Dios Joaquín.

Jimena no te invitará a su fiesta.
Jimena es un sudoku a medio hacer,
si la enfadas, no te permite mirarla
y tiene la mano larga,
si es menester.

Jimena rie y llora al mismo tiempo,
es Campanilla y Garfio a la vez,
le flipa, el Thriller de Michael Jackson
y si le pones el Iphone,
baila break dance.

Niña Jimena, hija y hermana,
lengua de trapo, vegetaciones de porcelana,
nombre de abuela, mayor sin serlo,
entre las suelas y los zapatos está tu cielo,
riñe conmigo ven y hazme tu amigo.

Jimena tiene sueño por las mañanas,
Jimena no se acuesta sin ver su luz.
Si llora es porque le da la gana
y siempre es ella quien gana,
pa güevos tú.

Jimena tiene un novio futbolista
que nunca le ha jurado su desamor,
lo mira con ojos de colegiala
y su futura cuñada:
-que no y que no.

Los días que Jimena cumple otoños,
se acaban las violetas en mi jardín
y aunque, no me llegue pa regalos,
nunca me falten halagos
pa hablar de tí.

Niña Jimena, hija y hermana,
lengua de trapo, vegetaciones de porcelana,
nombre de abuela, mayor sin serlo,
entre las suelas y los zapatos está tu cielo
riñe conmigo ven y hazme tu amigo




martes, 2 de noviembre de 2010

ANGUSTIAS

Rastrojo de terciopelo negro,

tatuado por la vida el corazón,

misionero de sueños imposibles,

angustias que se apagan con el sol.


Vuelves la mirada a cada paso,

comprobando las huellas de tu ayer,

ése ayer del que escribes cada día,

diarios sin letras al amanecer.


Un repoker de damas por mano,

nunca dispuesto a darte mus,

las partidas las ganas con el alma,

las heridas sólo las sufres tú.


Tu ritmo de latido es tan intenso,

que agotas al cansancio y al dolor,

las noches las devoras sin decoro,

a ritmo de merengue y bacilón.


Amigo de mi amigo y de tu amigo,

letra de tango y vaso de ron,

en mi bar siempre tendrás cobijo,

pero hoy la música, la pongo yo.


Un repoker de damas por mano,

nunca dispuesto a darte mus,

las partidas las ganas con el alma

las heridas siempre las curas tú.






jueves, 21 de octubre de 2010

EL POEMA MÁS CORTO DEL MUNDO

Quiso escribir el poeta
empezando con una palabra esdrújula,
el poema más corto del mundo.
Pero podría resultar demasiado largo
y acabar aburriendo a los lectores,
el poema más corto del mundo.

Pensó en un monosílabo,
para comenzar el poeta a escribir
el poema más corto del mundo.
Pero le pareció algo breve
y quizás le restase interés,
al poema más corto del mundo.

Deseó el poeta cantarle al otoño,
la estación de los poetas,
en el poema más corto del mundo.
Pero se le antojó triste, melancólico
y decidió deshechar hojas caídas
y días menguantes,
para el poema más corto del mundo.

Intentó inspirarse el poeta en el mar, la mar,
para conseguir componer los versos,
del poema más corto del mundo.
Más se le presentaba borroso
en el tiempo y la distancia.
Y cambió olas y mareas
por sentimientos y pasiones más cercanas,
para poder crear así,
el poema más corto del mundo.

Buscó dentro de sí el poeta
para arrancar de sus entrañas,
el poema más corto del mundo.
Se sumergió en remolinos, espirales,
en tormentas del alma y la conciencia,
en la desierta arided de su fracaso
en la soledad obtusa de su vida.
Y el poeta soñó.
Soñó la palabra,
soñó que empezaba,
soñó que acababa,
soñó que soñaba,
soñó, con el poema más corto del mundo.
Y en su página en blanco
con su pluma negra
el poeta escribió: nada.

Y el poeta lloró.

viernes, 15 de octubre de 2010

EL ESPACIO INFINITO

¿El espacio es infinito? me preguntaba Ángela con sus seis insultantes años. ¿Que si el espacio es infinito? Sí Ángela, creo que sí, le respondí con los ojos abiertos como platos y sin más argumentos que el, sí porque sí.

Pero ¿Para qué necesitaría una niña de seis años saber si el espacio es infinito? Quizás esa pregunta en vez de estar haciéndomela yo se la tenía que haber planteado a la chiquilla, pero me pudo la presión, me vi impotente o simplemente me acojoné por la respuesta que hubiese sido capaz de darme la criatura.

Y ahora en estado de reposo físico y mental, me hago yo la pregunta. ¿El espacio es infinito? y me vuelvo a preguntar a qué espacio se referiría Ángela, al universo en general o al espacio físico en donde habitan las cosas. Qué entenderá ella por infinito si apenas es capaz de contar seguido hasta cién sin pasarse del ochenta y nueve al ochenta y diez. Será, que en una de sus fluidas lagunas mentales, en las que a menudo se abandona a las musas le da por desarrollar teorías filosóficas sobre el espacio y el tiempo mientras observa omnubilada las figuras aleatorias que se forman en el fondo de pantalla del ordenador cuando éste pasa a modo de espera.

No se si el espacio por el que transita Ángela será infinito o no, yo apenas alcanzo a comprender que el horizonte que se observa desde mi ventana es demasiado amplio y que las distancias están para recorrerlas, pero espero que en un lejano día mi pequeña amiga me lo pueda desarrollar de una manera más convincente de como yo lo se lo he explicado a ella, éso querrá decir que su espacio y el mío habrán caminado paralelos rumbo al infinito, si es que existen tales cosas.

Ésta se la dedico a Ángela.



lunes, 11 de octubre de 2010

EL REGRESO

Regresar no siempre es tan idílico como nos lo hacen creer en los anuncios de la navidad. Regresar a veces es doloroso. Regresar supone en ocasiones revivir viejos fantasmas que habían quedado atrapados en tu pasado. Regresar representa un acto de sumisión absoluta, una sumisión del alma, en complicidad total con el espíritu. Regresar es perder una batalla, es volver a enfrentante con lo cotidiano con esa conjunción de calibres y engranajes que conforman tu día a día, tu trabajo, tu familia, tu entorno social, tu estrés y tu descanso semanal. Regresar a veces, sólo a veces, es doloroso por eso me desgarro el alma y el espíritu con mis angustias y fatiguitas e intento convertir lo que de antemano sería un regreso doloroso en una entrada triunfal.




domingo, 19 de septiembre de 2010

HABRÁ UN DÍA EN QUE TODOS...

Habrá un día en que todos, al levantar la vista, veamos una tierra que ponga libertad.
Descanse en paz el poeta, el músico, el cantautor, el socarrón, el diputado, el escritor, el aragonés, el maestro, el caminante, el conversador, el mochilero, el colega, el militante, el cascarrabias, el irónico, el beduino, el sinciero...

Descanse en paz su persona.

D. JOSE ANTONIO LABORDETA, GRACIAS POR TODO.